Hilos invisibles en un nuevo ciclo
Una noche de un invierno glacial, comienza en una mañana alrededor de las 9:00. El tiempo es un concepto abordado por físicos, magos, hechiceros y alquimistas, es algo que se siente pero no se ve más allá del tacto concentrado en artefactos y maquinas remarcadas con toques de antropología. La verdad, es sólo ciclos, ciclos que se repiten y se modifican milimétricamente en el transcurrir de suaves variaciones, que aun así vuelven al inicio cerrado.
Pasando por décadas que se hacen tan cortas en las relaciones de milenios, que se vuelve un icono interestelar en el efímero tiempo que percibo, asociado a una imagen permanente en el cielo, en la que se descansa, en la que se atormenta. Tan efímero el de venir y tanto por querer hacer, que las pausas de ociosidad son tan envolventes y disfrutables.
Enmarcando pasos quizás en tierras lejanas, quizás en cercanas, en futuros que serán tan sólo micro polvo en el cielo, pero como es un ciclo todo, se retornará a los existentes en presentes tan importantes.
De mente compleja, de emociones contrapuestas, de racional seguridad en lo demostrado, creyente oculto de la magia y con herencia mitológica. De ojos cansados y toques de blanco en un ser negro, de timidez adormecida pero expuesta, de temores insuperables rodeados de superados, de ingenuidad controlada y sentidos de honorable persistencia en las creencias fuera de marcos estructurados, de pies rápidos amigos del camino, de Luna concebida y Luna inalcanzable, de eternos reclamos, de noche más que de día, pero de sol y de agua, de tanto y tan poco.
Así se aparece y desaparece quien nadie sabe donde. No se quiere detener el tiempo, que horrible sería querer hacerlo, ni siquiera alargarlo más allá de donde se debe, sólo en esta noche de invierno glacial, que comenzó a las 9:00 de la mañana se espera seguir viviéndolo.
Pasando por décadas que se hacen tan cortas en las relaciones de milenios, que se vuelve un icono interestelar en el efímero tiempo que percibo, asociado a una imagen permanente en el cielo, en la que se descansa, en la que se atormenta. Tan efímero el de venir y tanto por querer hacer, que las pausas de ociosidad son tan envolventes y disfrutables.
Enmarcando pasos quizás en tierras lejanas, quizás en cercanas, en futuros que serán tan sólo micro polvo en el cielo, pero como es un ciclo todo, se retornará a los existentes en presentes tan importantes.
De mente compleja, de emociones contrapuestas, de racional seguridad en lo demostrado, creyente oculto de la magia y con herencia mitológica. De ojos cansados y toques de blanco en un ser negro, de timidez adormecida pero expuesta, de temores insuperables rodeados de superados, de ingenuidad controlada y sentidos de honorable persistencia en las creencias fuera de marcos estructurados, de pies rápidos amigos del camino, de Luna concebida y Luna inalcanzable, de eternos reclamos, de noche más que de día, pero de sol y de agua, de tanto y tan poco.
Así se aparece y desaparece quien nadie sabe donde. No se quiere detener el tiempo, que horrible sería querer hacerlo, ni siquiera alargarlo más allá de donde se debe, sólo en esta noche de invierno glacial, que comenzó a las 9:00 de la mañana se espera seguir viviéndolo.
Canción: Luna
Cantante: Víctor Manuel




