martes 29 de enero de 2008

Hilos invisibles en un nuevo ciclo

boomp3.com

Una noche de un invierno glacial, comienza en una mañana alrededor de las 9:00. El tiempo es un concepto abordado por físicos, magos, hechiceros y alquimistas, es algo que se siente pero no se ve más allá del tacto concentrado en artefactos y maquinas remarcadas con toques de antropología. La verdad, es sólo ciclos, ciclos que se repiten y se modifican milimétricamente en el transcurrir de suaves variaciones, que aun así vuelven al inicio cerrado.

Pasando por décadas que se hacen tan cortas en las relaciones de milenios, que se vuelve un icono interestelar en el efímero tiempo que percibo, asociado a una imagen permanente en el cielo, en la que se descansa, en la que se atormenta. Tan efímero el de venir y tanto por querer hacer, que las pausas de ociosidad son tan envolventes y disfrutables.

Enmarcando pasos quizás en tierras lejanas, quizás en cercanas, en futuros que serán tan sólo micro polvo en el cielo, pero como es un ciclo todo, se retornará a los existentes en presentes tan importantes.

De mente compleja, de emociones contrapuestas, de racional seguridad en lo demostrado, creyente oculto de la magia y con herencia mitológica. De ojos cansados y toques de blanco en un ser negro, de timidez adormecida pero expuesta, de temores insuperables rodeados de superados, de ingenuidad controlada y sentidos de honorable persistencia en las creencias fuera de marcos estructurados, de pies rápidos amigos del camino, de Luna concebida y Luna inalcanzable, de eternos reclamos, de noche más que de día, pero de sol y de agua, de tanto y tan poco.

Así se aparece y desaparece quien nadie sabe donde. No se quiere detener el tiempo, que horrible sería querer hacerlo, ni siquiera alargarlo más allá de donde se debe, sólo en esta noche de invierno glacial, que comenzó a las 9:00 de la mañana se espera seguir viviéndolo.

Canción: Luna
Cantante: Víctor Manuel

jueves 17 de enero de 2008

Canto

No creo aun poder descubrir el maravilloso secreto de porque cantamos, fuera de ideas antropológicas, fuera de conceptos humanos sociales la base esencial del porque cantamos aun no aparece en mi cabeza. Qué nos lleva a expresar en secuencias rítmicas sentidos y sentimientos, explosiones de metáforas y melodías, palabras y misticismos. Nos hace esto más humanos, nos hace esto apreciar la sutileza, nos proponemos inconcientemente valorar la fuerza de una comunicación sentimental. A veces le damos tanto sentido a la canción que remese las fibras del cuerpo y ninguna palabra sin receta de ondas melodiosas podría decir y comunicar más de lo profundo lo que deseamos.

Más me resalta en los pensamientos el sentir que no somos los únicos e inmaculados seres desganados a lo mismo y por otro lado que nos propone el entender que hay canciones desde materiales seres más allá de las fronteras humanas.

Me he robado nueve minutos y medio, me entregado al volumen alto y la luz oscura y desde muy adentro, como de la luz lejana que refleja es imposible no sentir que recibo una canción. En otras voces, en otra dimensión profunda, que bastaría entender que no hace falta lengua terrena para saber que hay un canto detrás, es como escuchar tararear a alguien y descubrir lo que te está expresando.

Apunta al volumen alto, apunta a cerrar los ojos, apunta a evadirte de lo cotidiano y dime sino puedes sentir una canción. Quizás gritan por sentimientos encontrados en mundos tan simbióticos que son más grandes que nosotros, en mascullando ideas de entendernos uno sólo. Más allá del tamaño del cerebro, que por muchos pequeños somos, quizás es una cosa de tamaño de corazón.

boomp3.com


Canción: Left over sea running (grabación del canto de ballenas)
Grabación: Dr. Roger Payne
Fuente: Ocean alliance

martes 15 de enero de 2008

Again

El mismo bar, la misma terraza de cada verano, las mismas cervezas heladas y sudadas, las mismas palabras y los mismos silencios al sol. Ahora no cuatro sino tres, ahora la misma vista, el mismo despliegue del humo en la mano derecha, la cámara alzada buscando figuras, siendo un boyerita de espacios estivales. Uno que otro reflejo en el agua que a metros de todo confunde miradas. Una secuela de murmullos hacia las palabras de un verano que llegó sin enterarnos, hacia recuerdos de doce meses en el que contábamos planes de viajes y nuevas fronteras. Que es un break en la seguidilla de eventos no coordinados, si hasta parece seductor el momento, pero prefiero el silencio, las caras hacia atrás enfrentando el temible sol. Desplazamientos suaves, como sabiendo que el carruaje está descapotado, que el aire golpea el cabello, que la figura es distinta, que el pelo cambio, que hoy está muy corto.

Unas sombras se marcan en el pacífico atardecer, no se sabe que viene, pero sabemos que será bueno enfrentarlo, total es lo único que tendría el sabor para hacernos regresar en doce meses más o quizás en cientos, nuevamente a la misma terraza, con las mismas cervezas heladas.

Espacios descuidados, sobre una ciudad que muta, espacios que bordean el mar que caminamos todos los días, el que sin querer nos hace actuar de diferentes formas, desechando multitudes acrónicas a bullicio y juerga, acaso no sabrán de días de tarde con sol en franca retirada, con agua mutada en blanco color, olores a sal cubiertos por los campanazos de golpes contra la arena atosigados de espacio infinito y soledad.

Imagen: By Shadow