sábado 13 de diciembre de 2008

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Terminó, se acostó sobre la arena con los brazos sobre su cabeza, la pierna izquierda estirada y la derecha doblada con la rodilla apuntando a las primeras estrellas que se asomaban en el cielo. Había construido con sus manos aquella barca y esa tarde de jueves se las mostró a todos y los comendadores satisfechos lo premiaron con los máximos honores. Él no se lo esperaba, lo único que en ese instante había pasado por su cabeza eran las horas de dedicación que había puesto en su labor y que había hecho simplemente lo mejor que sus manos podían hacer, construir y tocar.

Respiro profundo varias veces repasando en su mente aquellos instantes, ahora tenía tiempo para disfrutar placidamente esos momentos. Algunos espíritus se habían posado a su alrededor complacido de verlo tan relajado. Cómo rompiendo el silencio en cotidiana forma, de repente comentó – saben no sólo estoy satisfecho, sino que creo que entiendo la suerte que Robinson Crusoe tubo y que el nunca percibió – después de todo este tiempo sin pensarlo quede aislado en esta parte de la isla, mis palomas mensajeras desaparecieron, mi caballo del correo herido estaba, aun no se recupera el pobre, no podía ver a la distancia, mi catalejo se rompió y yo ensimismado en mi trabajo, preocupado por la perfección, me devolví a los orígenes, aquellos donde entablar palabras y alzar cartas era tan difícil, que me fui reconociendo. Me reconocí como un simple maestro, que vive de disfrutar hacer lo que sus manos pueden lograr, ahora con el trabajo terminado, no me siento mejor que nadie, sólo es que mi pecho está satisfecho y con unas ganas locas de comenzar de nuevo a fabricar.

He extrañado y he recordado, pero entre la luz de mis manos, guiadas por lograr lo esperado, rendido y cansado podía en cada golpe de cincel volver a mirar la luna aparecer y al sol alumbrar.

Entonces el viento un poema le susurró a sus oidos.

Recostado en la arena, con el mar golpeando sus pies se recostó,
los brazos sobre su cabeza, la pierna izquierda estirada
y la derecha flectada con la rodilla apuntando a las primeras estrellas que se asomaban, hasta dormitó.
No sabe que tanto sus manos volverán a construir, pero esos segundos de suave y aislada gloria parece que disfrutó.
No se dio cuenta, pero la noche llegó y avanzó,
y no sabe si algunos espíritus a su lado tentados por la calma cobijó,
sólo tendido en la arena al final se quedó.

3 Divagaciones al respecto:

bajamar dijo...

de las frenéticas endorfinas a la plácida luz del sencillo y manso hacer sin esperar nada.
desde que lo comencé a leér se me vinieron muchas imágenes, primero era de día en la playa pero no. y así hasta el final volviendose cada vez más intimo. también me recordó a la película del náufrago. no por la placidez, sino por esa parte del final en donde él dice que despues del episodio de desespero... lo único que hizo fue respirar, sólo respirar y esperar a ver que traía la marea, confiando, y llegó la vela...algo similar le pasó a Cruzoe que no sabía que habían más habitantes en "su" isla :)
y ahí cabemos todos no?...y no estamos solos.
Y sii, a veces uno sólo quiere estarse cobijado, abrigado por el cielo..así no más, y agradecer

me gustó tu texto
saludos

Jenipher dijo...

Me habría gustado tanto haber sabido del día y la hora, haber dejado pesares de lado y sólo haber pensado en ese momento que tanto esperaste... No sé si en tu bolsillo estubo el pequeño amuleto... pero si sé que de negro otra vez brillaste...
Me siento muy orgullosa de ti...

Pamela dijo...

Ya me veia buceando al fondo del mar y encontrando tanto mundo y tanta vida, y después terminar en la orilla de la playa contemplando la superficie de todo aquello que exploré, me transporté con el texto y me hizo vagar, divagar. Un abrazo Pam